Rogelio Martínez
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  • ATENEA: La estrategia en la batalla

    Es la diosa doncella, la “partenos” griega. Atenea, la Minerva romana, es hija de Zeus y Metis, diosa de la prudencia. Cuando ésta estaba embarazada, Zeus recibió un oráculo que le advertía que a la hija de Metis le seguiría un varón que arrebataría el poder a Zeus. Para evitarlo, el dios del rayo se tragó a Metis... literalmente; al cabo de los meses de embarazo, Zeus, aquejado de fuertes dolores de cabeza, le pidió a Hefesto que se la partiese en dos de un hachazo. Al ejecutar la orden, de la cabeza de Zeus surgió radiante y completamente armada la diosa Atenea.

    Por su nacimiento tan espectacular, nuestra diosa será modelo de inteligencia, pero atribuciones suyas son también la guerra y la estrategia en la batalla. Diosa siempre virgen, ayudó a numerosos héroes en sus empresas. Participó en la guerra de Troya con los vencedores, los griegos. Ayudó a Ulises en sus ardides y en su regreso sano y salvo con su esposa Penélope. Ayudó también a Heracles en una de sus pruebas, la del lago Estínfalo, al darle las castañuelas con las que espantó a las peligrosas aves.

    Como hemos dicho, fue siempre virgen, aunque tuvo un hijo, Erictonio. O así lo consideró ella. Hefesto, contrariado por la infidelidad de su esposa Afrodita con Ares, se encaprichó de Atenea, a quien quiso forzar. Ésta consiguió impedirlo, pero el dios eyaculó sobre su pierna. Atenea se limpió asqueada con un mechón de lana que lanzó al suelo. De la tierra fecundada nació Erictonio.

    Pero esta diosa también es conocida por promover la paz. Ganó el concurso por el que se convirtió en diosa protectora de Atenas. Cuando Poseidón y ella rivalizaban por conseguir tal premio, el dios ofreció a los atenienses o una fuente salada o el primer caballo con el que hacer la guerra; la diosa ofreció el olivo. Los atenienses eligieron a Atenea.

     

    El Partenón es el templo más famoso de Atenas, en la Acrópolis, consagrado a Atenea. En él una estatua de grandes proporciones de la diosa, de oro y marfil, hoy desaparecida, gobernaba la ciudad. Actualmente un ateneo es un lugar donde podemos expresar nuestra sabiduría y conocimiento... como Atenea

    Escrito el Martes, 23 Agosto 2016 12:10 en Cuaderno de Mitología Visto 89 veces
  • ARES / MARTE: El dios de la guerra y la violencia

    Donde hay sangre, donde hay violencia, destrucción, muerte y dolor, allí está presente el dios Ares (Marte para los romanos). Hijo de Zeus y Hera, su corta inteligencia la suplía con su célebre crueldad. Es el dios de la guerra, pero no el de la estrategia (propio de su hermana, la diosa Atenea), sino el de la fuerza bruta, de la confusión, del tumulto. Ares, como hombre, es fuerza; Atenea, como mujer, es inteligente: ambos son guerreros.

    Numerosas historias tienen a este dios como protagonista. Muy famosa es su unión con Afrodita. Cuentas los bardos que estos dos dioses (¡el amor y la guerra juntos!) se veían íntimamente en las mismas habitaciones de Hefesto, poco agraciado esposo de Afrodita; allí los vio Helios, el Sol, y rápidamente se lo comunicó al engañado marido. Hefesto  enfureció ante tal noticia y preparó una invisible red con un mecanismo especial para que, en el momento que la pareja se acostase en el lecho, ésta atrapase a los enamorados. Capturados en tan indecorosa posición, Hefesto abrió las puertas de la habitación a las miradas jocosas y burlonas de todos los dioses. Dicen que algunos dioses comentaron cuán bella era Afrodita, otros que cambiarían sin dudarlo el lugar a Ares. Las burlas fueron tales que, cuando fueron liberados, el dios de la guerra huyó a Tracia.

    A Ares lo tenemos también participando en la guerra de Troya en el bando perdedor, con los troyanos. Porque ésta es otra característica de este dios: sus bravatas guerreras a veces acababan con el dios apresado o buscando refugio en la huida.

    Ares es el modelo de “macho” por antonomasia, la testosterona hecha figura. En nuestro presente, lo tenemos en la semana, el martes; en el calendario, mes de marzo; en el firmamento, el planeta Marte... En todas partes recordamos a este dios: será porque en gran manera éste es un mundo creado por hombres... por desgracia

     

    Escrito el Miércoles, 06 Enero 2016 10:01 en Cuaderno de Mitología Visto 37743 veces
  • ARACNE: No quieras rivalizar con los dioses

    Bellos, muy bellos, eran los tapices que bordaba la joven Aracne. Sus manos dibujaban en el telar como el pintor sobre el lienzo. Tan bella era su labor que la llamaban discípula de la misma Atenea. Pero, ¡ay!, la juventud suelta la lengua a veces sin el debido respeto y el orgullo puede anidar en el corazón. Aracne se permite menospreciar a quien está muy por encima de ella, a la misma diosa. No quería ser comparada con nadie, porque su arte estaba por encima de todo y de todos, creía ella; que su talento sobrepasaba a la misma diosa. Así se atrevió a desafiarla y hacer caso omiso a las palabras prudentes de sus compañeras.

    Las Hilanderas (Velázquez)Atenea escuchó el desafío y se presentó disfrazada como una anciana en el taller de Aracne.  La diosa intentó calmar el orgullo de la insensata muchacha; quiso prevenirla, advertirle que debía ser más modesta, que no debía injuriar a los dioses..., pero Aracne se mostraba ufana y orgullosa.

    Ante su locura, la diosa decidió mostrarse cual era, era necesario que aquella muchacha comprendiese su error. Tras la sorpresa incial, comenzó el certamen: cada una tenía que tejer un tapiz, el mejor. Ambas labores no desmerecieron a sus autoras. Tanto la diosa como la mortal bordaron con exquisito tiento su trabajo. Pero Aracne bordó como motivo veintidós infidelidades entre los dioses, para lo que se habían disfrazado de animales. La diosa consideró que este bordado era irrespetuoso e injurioso para con los dioses, por lo que, airada, golpeó a la joven con la lanzadera del telar. Aracne, por fin, comprendiendo su locura, decidió ahorcarse.

    Ovidio nos cuenta que Atenea se apiadó de su rival y, rociándola con jugo de acónito, convirtió la soga en una telaraña y a la propia Aracne en araña.

    Velázquez, en “Las Hilanderas”, nos ha dejado el mejor ejemplo de esta historia. En este cuadro podemos observar el taller, a la diosa y Aracne en una atmósfera y ambientación perfectas. Quizás hasta Velazquez sabía que no debemos situarnos por encima de nuestra condición humana.

     

    Escrito el Martes, 05 Enero 2016 16:58 en Cuaderno de Mitología Visto 9315 veces
  • AQUILES: Un héroe (casi) invencible

    Aquiles descubierto por Ulises (Rubens)

    Mal presagio había recibido Tetis. Esta diosa marina no podría unirse a ningún dios, porque todos sabían que un oráculo había advertido que el hijo de esta diosa sería superior a su padre. Ningún dios se atrevería a casarse con ella con tal vaticinio. Así, Zeus la hizo casar con Peleo, un mortal. Estas bodas serán en definitiva las causantes primeras de la famosa guerra de Troya, al no invitar a Eris a ellas y presentarse ésta con la “Manzana de la Discordia”.

    Cuando Aquiles nació, su madre, inmortal, quiso que su hijo también lo fuese; por ello, lo bañó en las aguas de la Estigia, pero, al sujetarlo por el talón, estas aguas no lo humedecieron, con lo que esa parte de su cuerpo fatalmente siempre sería vulnerable.

    Ya adulto, Aquiles tenía dos opciones: o vivir una vida anodina y larga en su palacio o morir joven en Troya pero con una fama imperecedera. Algunos dicen que, para evitar su marcha a Troya y su profetizada muerte, Tetis le hizo refugiarse vestido de doncella y entre doncellas en la corte de Licomedes; allí lo descubrió el artero Ulises, disponiendo regalos femeninos  y uno masculino (armas bellamente labradas) al grupo de mujeres: sólo el Aquiles disfrazado se interesó por las armas, delatando su verdadera identidad a Ulises.

    Ya en Troya, Aquiles fue el héroe más notable. Su ira y rencor hacia Agamenón, rey de reyes, le hizo apartarse del combate, pero la muerte de su amado Patroclo a manos de Héctor, el mayor héroe troyano, le hizo reintegrarse con mayor ímpetu a la lucha. Mató a numerosos enemigos; a Héctor lo venció en combate singular.

    Pero las Parcas le tenían reservado un destino breve. Paris, el raptor de Helena, guiado por la pericia de Apolo con el arco, acabó con su vida con una flecha dirigida certeramente a su talón. Está claro que todos tenemos nuestro “talón de Aquiles”, nuestro punto débil, hasta uno de los mayores héroes de la Antigüedad, pero también que la muerte nos llega a todos: quizás tenemos la opción de elegir cómo queremos que sea nuestra vida.

     

     

    Escrito el Martes, 05 Enero 2016 07:06 en Cuaderno de Mitología Visto 9202 veces
  • APOLO Y DAFNE: siempre virgen

    Apolo  es el dios de la belleza masculina, el dios de las artes y de la adivinación, el dios arquero por excelencia. Un día precisamente se burló de Eros y sus flechas. Así éste decidió vengarse y tomó dos flechas, una de oro (de amor) y otra de plomo (de odio). Con la primera hirió al dios burlón, con la segunda a Dafne, una hermosa ninfa. El enamoramiento de Apolo fue inmediato, el desdén de la ninfa del mismo modo. Cuanto más ardía Apolo, más aborrecía Dafne sus deseos. Ella además quería permanecer siempre virgen, seguir los pasos de Ártemis.

    Apoloy DafnePero Apolo no podía apaciguar su pasión y ardía en deseos por Dafne. Así solicitó su amor, pero ésta intentó huir. Apolo la persiguió sin descanso. ¡Tanto era su amor!. En su carrera, uno imploraba por alcanzarla, la otra por su huida. Cuando Dafne comprendió lo inútil de su esfuerzo, pidió ayuda a su padre. Sus ruegos fueron escuchados: su piel se convirtió en corteza, sus brazos en ramas y sus cabellos en hojas; sus pies ya no corrían veloces, sino que se enraizaban en el suelo. Y convertida en laurel consiguió su propósito. Apolo, desesperado, ardiente, sólo pudo abrazar su tronco inerte. A partir de entonces el dios en su recuerdo siempre iría tocado con una corona de laurel, al igual que todos aquellos que consiguieran una victoria  en cualquier certamen también demostrarían su respeto con la misma corona.

    Apolo aprendió que nadie, ni siquiera un dios, puede burlarse de Eros.  ¡Qué bellamente nos cuenta esta historia Garcilaso!

    “A Dafne ya los brazos le crecían

    y en luengos ramos vueltos se mostraban;

    en verdes hojas vi que se tornaban

    los cabellos que el oro escurecían...”

     {jcomments off}

     

    Escrito el Martes, 05 Enero 2016 00:03 en Cuaderno de Mitología Visto 14783 veces
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